Las corridas
de toros; Matar por diversión.
“Sangrientas tradiciones son aberraciones a la
moral, despreciando la vida en la muerte de un animal.”
Antecedentes históricos

Su
origen se remonta a los sangrientos juegos romanos y las crueles venationes en
las que se mataban miles de animales para divertir a un público sediento de
sangre y fuertes emociones. Según cuenta Plinio el Viejo, en su Historia
Natural, Julio César introdujo en los juegos circenses la lucha entre el toro y
el matador armado con espada y escudo, de esta manera exhibían su fuerza
militar, mostraban además de la
“corrida” un toro a quien el caballero desmontando derribaba sujetándolo por
los cuernos.. Otra figura de aquella época, fue el llamado Karpóforo, que
obligaba al toro a embestir utilizando un pañuelo rojo. Lo cual se convertía en
un espectáculo para el pueblo llano. Los animales, sufriendo la tortura en sus
carnes, eran el blanco de una de las formas de agresividad que garantizaba la
rigurosidad de una estructura social tremendamente desigual, ya que de esta
manera el pueblo como espectador era el
receptor pasivo de la violencia exhibida por los poderosos. El sacrificio de toros también se incluía
entre los ritos y costumbres que los romanos tiempo después introdujeron en Hispania.
En
Creta, además del relato de la mitología griega que cuenta las aventuras de
Ariadna la hija del rey Minos, y Teseo, que mató al Minotauro, hay constancia de la celebración de juegos en la plaza
de Cnossos, en cuyo palacio, conocido como el Laberinto, pueden verse frescos
que muestran a hombres y mujeres en escenas de tauromaquia, guiados quizá por
los mitos y la ignorancia insensata que permite caracterizar a un pacífico
animal como un monstruo o enemigo virtual que lo convierte en una víctima real
de nuestro fracaso evolutivo como seres humanos, para poder traficar con la
vida y el dolor de quienes carecen arbitrariamente de nuestros inmerecidos
privilegios.
Finalmente,
durante la Dictadura de Franco, esta barbarie fue elevada a la categoría de
“Fiesta Nacional de España”.
Estas
son las épocas más nefastas de la historia, justo en la que las corridas de
toros progresivamente se convirtieron en el desahogo de las frustraciones. El
animal se convertido en la víctima en la quien se ha de descargar toda la
vileza y agresividad humana.
Las
torturas
El
toro es un animal herbívoro y pacífico. Su instinto natural de defensa frente a
situaciones de miedo lo lleva a intentar huir en lugar de atacar, pero solo a
base de castigos y manipulaciones se consigue alterar su naturaleza tranquila.
En la plaza, lo único que el toro busca desesperadamente es una salida para
poder huir, por esta razón lo primero que hacen los toros cuando entran al
ruedo es dar varias vueltas, finalmente, como no hay alguna posible salida, se deben enfrentar a la terrible situación de su destino. Sus
ataques solo son intentos desesperados para
intentar defenderse de los agresores armados.
Y
aun así, aunque se tratara de un animal de naturaleza más fiera,éste
espectáculo no sería justificable, ya que seguiría formando parte de la
manipulación que los seres humanos ejercen sobre otros animales para sus
caprichos.
Algo
impresionante es que las torturas hacia el animal empiezan mucho antes de que
los toros salgan al ruedo. Durante los días previos a la corrida los toros no
son alimentados, y tampoco se les proporciona mucha agua. Para prepararles para
la corrida se les mantiene a oscuras durante horas, se les recortan y liman los
cuernos, es decir, se les priva de su única defensa.
Y
por si fuera poco se les propician palizas con sacos de arena y palos, en los
riñones y testículos, con el objetivo de hacerles perder fuerza. Sus ojos son untados
con vaselina para disminuir su visión, les hacen cortes en las pezuñas, les
introducen algodón en la nariz para dificultar su respiración, les tapan las
orejas con papel periódico húmedo para hacerles perder equilibrio y reflejos,
pero ya desde semanas antes se les empieza a suministrar laxantes mezclados con
la comida para debilitarlos. Todas estas prácticas están prohibidas por el
mismo reglamento taurino, pero se realizan de forma oculta, ya que lógicamente
todo esto no se hace en el ruedo a la vista del público. Aun así, han sido
confirmadas por algunos veterinarios y trabajadores de cosos taurinos. Las
corridas de toros son un espectáculo bochornoso en tres actos, que escenifica
la falsa superioridad y la fascinación enfermiza de quienes creen tener un
derecho divino a disponer a su antojo de la vida de otros seres sensibles,
llegando a justificar la muerte del toro como arte y diversión.

El espectáculo de la
corrida de toros consta de tres actos sangrientos:
El tercio de varas
En éste acto, el picador (torero a caballo) introduce una lanza de
madera con un objeto punzante de metal
en la punta que penetra hasta 40 cm, realizando movimientos para desgarrar la
carne del animal, generándole intensas hemorragias y un dolor inmenso. Debido a
la gran pérdida de sangre, los toros padecen una sed insoportable que en
ocasiones llevan a los toros a lamer su propia sangre.
El tercio de banderillas
Las banderillas son lanzas de madera de unos 70 centímetros de
longitud y 18 milímetros de diámetro. Estas cuentan con arpones de acero
afilados y cortantes de aproximadamente 6 centímetros, suelen estar decoradas
con los colores de la bandera o los de las comunidades autónomas. Estas son
clavadas en el lomo del toro con finalidad de “humillarlo”, es decir, que
agache la cabeza para que el matador pueda clavarle la espada mortal.
El tercio de muerte
El estoque
es una espada de un metro que se usa con el objetivo de atravesar el corazón. Penetra
45 cm., dañando vasos sanguíneos vitales, lo cual produce una hemorragia
interna masiva, que es una infernal agonía para el animal.
Los toros tienen una resistencia y un instinto de
supervivencia extraordinarios. Pero este
excelente atributo en este caso solo alarga la agonía, ya que en algunos casos no
mueren, y se recurre a la puntilla
(cuchillo que secciona la médula espinal), que deja al animal paralizado, pero
no inconsciente, lo cual significa todavía vivo y consiente.
Los trofeos para los toreros
Como trofeos, al
toro se cortan las orejas, y si la afición lo considera oportuno, también el
rabo, para ser entregadas como recompensa al matador. El animal, que aún puede
estar agonizando y plenamente consciente, puede sentir cómo lo mutilan, en
muchas ocasiones se pueden ver toros
pataleando mientras les cortan las orejas. Finalmente un carro tirado por dos
mulas arrastrará al toro hacia el desolladero.
Daños hacia otros animales
Los caballos son
también víctimas de la brutalidad de las corridas de toros. Porque deben actuar
como muro de contención, y los golpes que reciben les causan hemorragias
internas. En numerosas ocasiones reciben corneadas que les abren las tripas,
pero están ocultas por el peto. A menudo se las vuelven a meter dentro y se los
cose para que vuelvan a salir al ruedo.
Es necesario
drogarlos con morfina y taparles un ojo
para que no vean al toro y no intenten huir, se les cortan las cuerdas vocales
para que no puedan gritar de dolor. En palabras de los propios taurinos, se ha
llegado a decir que esto se hace para que los gemidos del caballo no puedan
herir la sensibilidad de los espectadores.
Los caballos
usados en las corridas de toros suelen ser viejos, y por esta razón están poco
valorados en el mercado. No es extraño que muchos fallezcan horas después de
haber participado en una corrida de toros.
El dominio por la
fuerza y la humillación de un ser indefenso en ningún caso se puede considerar
cultura, sino que constituye un homenaje a la peor crueldad humana, que es
hacer del dolor una fiesta.
El despertar de la
conciencia
Los continuos esfuerzos de las instituciones en
apoyo de las corridas de toros y las fiestas crueles, en las que se torturan
animales de varias especies, se enfrentan al creciente rechazo de una juventud
más crítica, la cual busca una relación más sincera y armoniosa con los
animales y la naturaleza, y a una opinión pública dispuesta a cuestionar, no
sólo la calidad y el origen de los alimentos, sino también las diversiones más
aberrantes. Lo cual posibilitaría el fin del gusto de los espectadores por la
sangre de un animal y un mayor progreso económico, social y cultural del país,
haciendo realidad el sueño de erradicar las costumbres violentas, insolidarias
y crueles, como lo son las corridas de toros.
Las corridas de toros ya son consideradas como una
enfermedad social que se manifiesta, de múltiples formas, destruyendo nuestra
sensibilidad y el sentido ético y estético de cuantos aceptan como normal que
las partes mutiladas de un animal herbívoro pacífico sirvan de recompensa a sus
verdugos, y fomentando incluso el machismo y la violencia de genero; ya que si
se acepta que un ser vivo pueda ser torturado por lucro y diversión, también la
condición humana puede ser objeto de la misma consideración.
Por un futuro
sin diversiones sangrientas
El mayor
rechazo de la sociedad a las guerras y los espectáculos crueles en los que se
torturan y matan animales por lucro y diversión, debería generar una actitud
menos tolerante con la violencia que sufren los animales y degrada a toda la
sociedad; sin embargo, aunque algunos festejos crueles ya no se permitan; encuentran
su justificación en las corridas de toros y siguen contando con el suficiente
apoyo gubernamental, representado por sus propios intereses y la de los
taurinos, que no permiten educar a la sociedad a valorar por igual a todas las
víctimas de la violencia, impidiendo la adopción y ejecución de una verdadera
ley de protección animal.
Mi opinión
Las corridas de toros es solo
un espectáculo bochornoso y sangriento
de tres actos, en donde se escenifica la falsa superioridad del hombre y su
terrible fascinación enfermiza por la sangre y la vida de un animal herbívoro
de naturaleza tranquila, contra toda lógica ética de la sociedad que según se
dice “civilizada”, los toreros creen
tener un derecho divino para disponer a
su antojo de la vida de otros seres sensibles, llegando incluso a querer justificar su atroz acción como arte y diversión.
En este tipo de espectáculos
solo se busca desahogar la frustración de los toreros y los espectadores en un
animal inocente.
Tenemos que adquirir una actitud menos
tolerante con la violencia hacia animales indefensos. Este tipo de tradiciones
sangrientas son aberraciones a la moral, no podemos seguir disfrutando de la
farsa de que esto es cultura porque a esto no se le puede llamar así, esto solo es irracionalidad
de una cuadrilla de matones contra un toro. “nuestra tradición es una maldición,
no habrá descanso hasta la abolición”
"No hay nada tan patético como
una multitud de espectadores inmóviles presenciando con indiferencia o
entusiasmo el enfrentamiento desigual entre un noble toro y una cuadrilla de
matones desequilibrados destrozando a un animal inocente que no entiende la
razón de su dolor...”